Con el nombre de Santiago o de Jacobo, aparecen varios personas en el Nuevo Testamento relacionados con Jesús:
1. Santiago el hermano del Señor, redactor de la carta de su mismo nombre y que presidía la Iglesia de Jerusalén.
"¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No es María su madre, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?" (Mateo 13,55)
"Al finalizar su relato, intervino Santiago: "Atendedme, hermanos: ..." Hechos 15,13 ss.
2. Santiago el hermano del apóstol Judas, del que apenas se sabe nada.
"Judas, hermano de Santiago, y Judas Iscariote, el que luego traicionó a Jesús". Lucas 6,16
3. Santiago el hijo de Alfeo, uno de los doce apóstoles llamado "el menor". Su madre, de nombre María, era una de las mujeres que acompañaban a Jesús.
"Felipe, Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo". Mateo 10,3
"Había también allí algunas mujeres mirando de lejos. Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé". Marcos 15,40
4. Por último, Santiago el hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Juan; uno de los primeros llamados por Jesús y en el que Jesús confiaba especialmente. Este es el que la tradición identifica con Santiago "el del Camino".
No conocemos donde nació ni dónde pasó su juventud.
Cuando Jesús empezó su vida pública lo encontró cerca del lago de Galilea y lo llamó. Fue el principio de una relación estrecha con el Maestro que iría creciendo cada día hasta convertirlo en una pieza clave de la iglesia primitiva.
"Un poco más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que estaban en la barca con su padre reparando las redes. Los llamó." (Mateo 4,21)
Su padre era un pescador de Galilea llamado Zebedeo y poseía al menos una barca y jornaleros por lo que podemos suponer que se trataba de una familia de cierta posición social. Su madre, al parecer, se llamaba Salomé. Su hermano era el apóstol Juan, el discípulo amado por Jesús y el autor del evangelio de San Juan.
"Un poco más delante vio a Santiago y a su hermano Juan, los hijos de Zebedeo, que estaban reparando las redes. Los llamó, y ellos se fueron con él, dejando a Zebedeo, su padre, en la barca, junto con unos pescadores que tenían contratados". Marcos 1,19-20
Santiago formaba parte del primer círculo de personas próximas a Jesús, junto a Pedro y a Juan.
Seis días después, Jesús tomó aparte a Pedro, Santiago y Juan y los llevó a un monte alto. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Su ropa se volvió de una blancura resplandeciente, tal como ningún batanero de este mundo sería capaz de blanquearla. Y los discípulos vieron a Elías y Moisés, que estaban conversando con Jesús. (Marcos 9,2-4)
No debía ser una persona, en principio, muy apacible si contamos con el hecho de que el propio Jesús , que conocía bien a todos sus discípulos, les apodó a él y a su hermano Juan, con el sobrenombre de "hijos del trueno". Sus reacciones avalaban este nombre. En cierta ocasión llegaron a proponerle a Jesús que bajara fuego del cielo para consumir a los samaritanos que no querían acoger a Jesús en su viaje a Jerusalén. Jesús les recriminó su actitud y les hizo ver que Él había venido a salvar a todos los hombres.
"Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamó Boanerges, que significa "hijos del trueno". (Marcos 3,17)
"Pero, cuando los habitantes de aquel lugar supieron que Jesús se dirigía a Jerusalén, se negaron a recibirle. Al ver esto los discípulos Santiago y Juan dijeron: - Señor, ¿quieres que los destruyamos con fuego del cielo?. Pero Jesús, encarándose con ellos, los reprendió". (Lucas 9,53-55)
Junto con Pedro y su hermano Juan estuvo presente en la Transfiguración de Jesús. Santiago vio con sus propios ojos como Moisés y Elías (los mayores profetas que hablaron con Dios en el Antiguo Testamento) hablaban con Jesús y escucharon la voz de Dios Padre que identificó ante ellos a Jesús como su propio Hijo.
"Seis días después, Jesús tomó a parte a Pedro y a los hermanos Santiago y Juan y los llevó a un monte alto. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la nieve. En esto, los discípulos vieron a Moisés y Elías conversando con él. Pedro dijo a Jesús: - ¡Señor, qué bien que estamos aquí! Si quieres, haré aquí tres cabañas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Aún estaba hablando Pedro, cuando quedaron envueltos en una nube luminosa, y de ella salió una voz, que dijo: - Este es mi Hijo amado, en quién me complazco. Escuchadle a él. Mateo 17,1-5
Entre otras muchas cosas, escuchó a Jesús, en el Sermón del Monte, llamar bienaventurados a los pobres, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los pacificadores y a los que son perseguidos. Aprendió de labios del mismo Jesús, la manera mejor de dirigirse al Padre. Estaba en la barca cuando Jesús, calmó la tempestad y les llamó a confiar verdaderamente en su persona. Escuchó al Maestro cuando éste les mandó a predicar, sin llevar nada para el camino, sino solamente un bordón y unas sandalias - hecho que se trata de reflejar en la simbología del Camino - .
"Cuando Jesús vio todo aquel gentío, subió a la colina y se sentó. Se le acercaron sus discípulos, y él se puso a enseñarles, diciéndoles: - Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es el reino de Dios. Felices los que en este mundo están tristes, porque Dios mismo los consolará. Felices los que anhelan que triunfe lo que es justo y bueno, porque su deseo será cumplido. Felices los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. Felices los que tienen limpia la conciencia, porque ellos verán a Dios. Felices los que trabajan a favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos. Felices los que sufren persecución por ser justos y buenos, porque suyo es el reino de Dios... (Mateo 5,1-12)
"Vosotros debéis orar así: Padre nuestro, que estás en los cielos; santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo. Danos hoy el pan que necesitamos. Perdónanos el mal que hacemos, como también nosotros perdonamos a quienes nos hacen mal. No permitas que nos apartemos de ti, y líbranos del maligno." (Mateo 6,9-13)
"Jesús, entretanto, estaba dormido en la popa, recostado sobre un cabezal. Los discípulos le despertaron, diciendo: - Maestro, ¿no te importa que nos estemos hundiendo?. Jesús se incorporó, increpó al viento y dijo al mar: - ¡silencio! ¡cállate!. El viento cesó y se hizo una gran calma. Entonces les dijo: - ¿Por qué tenéis miedo? ¿Dónde está vuestra fe?. (Marcos 4,38-40)
"Reunió a los doce discípulos y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros." (Marcos 6,7)
"Les ordenó que no llevaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero e el bolsillo; que fueran calzados con sandalias y no llevaran más de un traje". (Marcos 6,8-9)
En cierta ocasión él y su hermano Juan, se acercaron a Jesús para pedirle ocupar los primeros lugares cuando Él alcanzara el éxito. Jesús les enseñó que el que quisiere ocupar el puesto más importante debía ser el servidor de todos.
"Le dijeron: - Concédenos que nos sentemos a tu lado en tu gloria; el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". (Marcos 10,37)
"Entonces Jesús los reunió a todos y les dijo: - Como muy bien sabéis, quienes son considerados como gobernantes someten a las naciones a su dominio y les hacen sentir su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Antes bien, si alguno de vosotros quiere ser grande, deberá ponerse al servicio de los demás". (Marcos 10,42-43)
Cuando Jesús fue crucificado sus discípulos se dispersaron. La mayor parte de ellos vuelven a Galilea , donde se encuentran con el Maestro resucitado. Después regresan a Jerusalén. Según nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles, Santiago aparece junto a Pedro y los demás apóstoles orando en un aposento alto de la ciudad, esperando la promesa de Jesús: el Espíritu Santo.
"Poco después se apareció Jesús otra vez a sus discípulos junto al lago de Tiberíades. El hecho ocurrió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, "el Mellizo", Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos." (Juan 21,1-2)
"Cuando llegaron, subieron al piso en el que se alojaban; eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Celote y Judas, hijo de Santiago. Todos éstos, junto con las mujeres, con María la madre de Jesús y con los hermanos de éste, oraban constantemente en íntima armonía." (Hechos 1,13-14)
El mismo libro de los Hechos nos relata como Herodes Agripa I, aproximadamente sobre el año 44 d.C. lo mandó matar a espada. Santiago fue el primero de todos los apóstoles que murió sellando con su sangre su amor y fidelidad hacia el Hijo de Dios.
"Por entonces inició el rey Herodes una persecución contra algunos miembros de la iglesia. Ordenó la ejecución de Santiago, el hermano de Juan".
Hechos 12,1-2
Desde el primer encuentro en el Mar de Galilea, Santiago se sintió atraído por Alguien que él percibía fuera de lo común. El estilo de vida de Jesús, los milagros que hizo, las palabras que le escuchó pronunciar, su muerte en la cruz, su ascensión al cielo... todo ello le hizo pensar que no se trataba de un simple hombre; Jesús era más que un hombre. A Él le oyó decir: "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10,30), "Quién me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14,9), y "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre si no es por mí" (Juan 14,6). La vida y la influencia de Jesús de Nazaret, el Cristo, produjo cambios verdaderamente importantes en su vida.
Caminando junto al Maestro, Santiago se fue dando cuenta de que la relación con la persona de Jesús producía cambios, al igual que en él, en otros muchos. Después de la resurrección y de la experiencia de Pentecostés (recibieron el poder del Espíritu Santo) Santiago y otros hombres y mujeres, se vieron transformados por el poder del Cristo resucitado que les amaba especialmente. Más tarde, este mensaje llegaría a través de los discípulos a todas las naciones.
Sin duda alguna, enseñar a otras personas, como tú y como yo, a tener la oportunidad de llegar a tener una relación personal con el Señor vivo.
Emprendió el Camino para mostrarnos como es posible que, a través del Espíritu de Jesús, nos podamos convertir en verdaderos hijos de Dios.
También para decirnos hoy, que Cristo resucitado tiene el poder de transformar tu vida, la mía y la de todos los hombres, al igual que hizo con la suya.